CALIFORNIA – Parte I

¡Bienvenidos a Born on a Sunday! Esta vez con el primer post de viajes, que es lo que más me gusta hacer en el mundo (junto con tomar fotos… en el viaje), y sobre un lugar nuevo para Roberto y para mí: California.
Decidimos viajar de Lima hacia Los Ángeles para hacer luego un recorrido en auto hasta San Francisco y luego volver a Los Ángeles a subir al avión que nos regresaría a casa. Doce días en tres etapas: conocer L.A., conocer San Francisco y conocer los pueblitos que están en la ruta en auto. ¡Este post es sobre Los Ángeles!
Llegamos a L.A. después de pasar la noche en el avión, alquilamos el carro (recomendación: fíjense SIEMPRE la fecha de vencimiento de su brevete… tuvimos un problemita que al final felizmente solucionamos) y fuimos de frente a comprar chips para nuestros celulares. Nada superará tener el mapa de siempre en una ciudad nueva y en donde se maneja diferente (hermosamente diferente, a comparación de nuestra capital) y, bueno, una línea telefónica y WhatsApp para emergencias (y Facebook e Instagram para… Mmm, no sé :D). En realidad buscar un chip es algo que siempre hacemos cuando llegamos a un nuevo país. Básico. Recuerdo lo mucho que sufrían mis papás con los mapas de papel cada vez que hacíamos un viaje familiar. Todo demoraba mucho más, ¡y cuántas veces se perdieron! A todos los que creen que tendrán wifi por todos lados, les prometo que con un chip de $30 a $50 podrán relajarse mucho más durante su viaje. Lo vale.

Con ese mapa llegamos a nuestro alojamiento: un cuarto dentro de una pintoresca casita que encontramos en air bnb en Santa Mónica. Fue nuestra segunda experiencia con Airbnb (la primera fue con un depa en N.Y. el año pasado) y queríamos ahorrar algo de plata para usarla en compras, salidas, comida, tours, etc. De hecho, me lo recomendaron porque me dijeron que no hay hotel bueno por menos de $100. Para los que no conocen esta página, la idea es que si te vas de viaje, en lugar de ir a un hotel, alquiles temporalmente un depa, casa o cuarto de una persona que tenga espacio y quiera una platita extra. Incluso tú puedes poner en alquiler un espacio. El alojamiento no era una prioridad para nosotros esta vez, con tal de que sea limpio, seguro y en una zona divertida. Todo estuvo excelente, lo único que hubiéramos cambiado sería alquilar un cuarto con baño privado. A veces resultaba un poquito incómodo tener que salir del cuarto para ir al baño… Ya se imaginan…

Ya instalados, salimos a pasear por Santa Monica Pier:

Había un músico tocando algo diferente cada 15 metros. Mucha gente y movimiento, una energía súper linda. Una mini montaña rusa (3*, tranqui) a la que subimos y una rueda de la fortuna que le daba un toque especial al paisaje. Comimos ahí mismo unos tacos (2*), sapeamos un par de tiendas y nos fuimos a dormir agotados.

<3 U MJ!

El segundo día fue el día turístico: paseo de la fama y observatorio Griffith. El paseo de la fama no es nada del otro mundo (2*). Vimos las estrellitas de los artistas en el suelo pero había demasiada gente y nos derretíamos con el calor, a pesar de que no era verano. Entonces entramos al museo de cera de hollywood (3.5*, estuvo bien), que está en ese mismo boulevard. Lo chévere de ese museo es que cada estatua, a pesar de que no son tan realistas como las del  Madame Tussauds, tiene todo un set y te dan props y accesorios para que te tomes una foto divertida… Y aunque a Roberto no le gusta mucho ese plan de posar (jaja, en casa de herrero…), nos vacilamos un montón.

Además, la entrada también nos servía para entrar al museo de Ripley´s Believe it or not! Este último fue divertidisisisisísimo. Se los recomiendo totalmente (5*).

El zapato del hombre mas grande de la historia + mi zapatilla.

Después, manejamos un ratito hacia el observatorio Griffith, donde se grabaron varias escenas preciosas de Lalaland. Una vistaza de Los Ángeles (4*).

Desde ahí vimos el clásico y famoso cartel de Hollywood, del tamaño de una hormiga.

(encuentra el cartel)

Esa fue toda nuestra historia con el famoso Hollywood, no necesitamos más.

Luego fuimos a premiarnos con nuestra chatarra favorita, su debido Chick-Fill-a. Un pollito frito con una salsa hecha creo que por las mismísimas manos de Cristo. Es increíble, ya se me hizo agua la boca acordándome (5*).

Hicimos unas compritas y fuimos por unas cervezas a The Victorian (5*) por recomendación de una amiga de allá.

El día 3 era para la playa. Me recomendaron muchísimo ir a Venice Beach y recorrer el malecón en bicicleta. Yo estoy con la rodilla un poco lesionada, entonces fue mejor para mí caminar (2.5*). Los que puedan, háganlo en bicicleta, ya que hay muchos lugares que las alquilan en el mismo malecón.

Venice Beach es una playa súper hippie, que para repleta de gente e incluso de homeless . Estaba un poco sucia el día que fuimos. La verdad no nos encantó y si tuviésemos la oportunidad de regresar en el tiempo, hubiéramos elegido el  six flags para ese día.

Hicimos muchas cosas en un par de días, ¡por eso siempre se dice que se necesitan vacaciones de las vacaciones!

Al día siguiente nos levantamos temprano para empezar un viaje de 6 horas en carro hacia San Francisco, con una parada muy especial en el camino (se viene el post). El viaje recién empezaba… Próximamente la parte 2.

 

 

 

 

 

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